Consejos para las clases de conversación

Desde que comencé a dar clases online de español tardé en darme cuenta lo importante que son las clases de conversación. Mejor dicho, demoré en ver que esta es la gran diferencia entre las clases presenciales y las que son a través de Internet.

Cuando daba clases en mi casa o en la escuela con solo un alumno, era muy extraño que llegasen estudiantes pidiendo solamente hablar. En general, siempre me pedían aprender un poco de todo: escribir, leer, vocabulario, gramática y, por supuesto hablar. Sin embargo, en Internet es un 50 % de alumnos los que quieren usar el tiempo total de la clase para conversar. Esto es en mi caso, claro.

Ante esto, yo no estaba preparado, pero tampoco resultó ser una gran dificultad. Soy una persona tímida e introvertida, pero, curiosamente, nunca me fue demasiado difícil hablar y hacer hablar al alumno en la clase.

Eso sí, una clase de conversación, independientemente de los métodos que se usen para hacer hablar al alumno (vídeos, descripción de imágenes, etc.) hay que saber prepararla y después controlarla. No es solo cuestión de conversar con el estudiante como si nos estuviéramos tomando una cerveza con él (de hecho, alguna vez lo he hecho con algún alumno, eso sí, en directo).

Las clases de conversación también se preparan y también exigen una cierta dirección por parte del profesor para que estas sean positivas y aprovechables. Por eso, te dejo aquí algunos consejos que puedes añadir a la metodología que ya uses en este tipo de clases, si no los utilizas ya. te avanzo que cuando hablo en este artículo de clases de conversación me refiero a aquellas en las que el profesor y el alumno solo hablan sin intervención de ninguna actividad o recurso adicional durante la clase.

Atento a los gestos

Muchas personas tienen a los italianos como los reyes de la gesticulación mientras hablan. Esto, posiblemente tenga su parte de realidad, pero lo cierto es que todos tenemos nuestras formas de expresarnos con gestos, nuestros alumnos también. Por eso es bueno que prestes atención a sus gestos de cansancio, de no saber algo, de estar distraído, de querer preguntar algo, de aburrimiento o de cualquier tipo para que esto te ayude a que la conversación fluya cuando parezca un poco parada o sea detenida o modificada si es necesario.

Además, cuida tus propios gestos. Cuando aprendemos un idioma, relacionamos las palabras con los gestos del profesor, muchas veces de forma inconsciente. Esto es muy bueno porque ayuda a la memorización de las expresiones al relacionarlas con un movimiento, actitud o gesto. Así que no te quedes parado mientras hablas. Gesticula, mueve las manos, ríe o grita si es necesario. Siempre digo que un buen profesor necesita también saber actuar un poco.

Corregir o no corregir, he ahí la cuestión

A los niños más pequeños les importa muy poco, en general, ser corregidos una y otra vez. En realidad, es más o menos así como aprenden. Cuando son adolescentes, odian que les corrijan, aún más si están en presencia de otras personas. A los adultos no nos hacen mucha gracia que nos corrijan, pero lo toleramos hasta cierto  punto.

De hecho, hay estudiantes que te piden que les corrijas cada palabra, cada pequeño error. Si son alumnos avanzados no es un gran problema, pero cuando están en los inicios o aún no han llegado a ese estado avanzado, puede ser horroroso ir corrigiendo cada error, no por el hecho de que las equivocaciones sean muchas o pocas, sino porque hace verdaderamente complicado tener una conversación fluida.

En todo caso, es el alumno quien tiene que escoger hasta que punto quiere ser rectificado. Inicialmente, puedes ser tú mismo (para algo eres profesor) quien decida cuándo y cómo hacer las correcciones, pero no es nada malo si de vez en cuando se le pregunta al alumno si se siente a gusto en ese sentido.

Prepara el vocabulario

Como decía antes, no se trata solo de hablar y hablar como lo harías con tus amigos. La persona que tienes enfrente tiene recursos limitados y está contigo no solo para practicar lo que ya sabe, sino para aprender más. Si antes de cada clase le manda una lista de palabras que podrían ser usadas durante la siguiente lección, las podrá leer, entenderlas cuando te las escuche decir o usarlas él mismo. Se las puedes mandar como una lista en Memrise si le gusta este tipo de aplicaciones.

Eso sí, no todos los alumnos que solo buscan conversación están dispuestos a gastar tiempo en estudiar fuera de la clase. Sin embargo, la mayoría sí que leen, periódicos, blogs o libros. A estos, en vez de mandarle una lista de palabras, les puedes mandar con antelación un artículo para que lo lea. Algo que tenga que ver con un tema que vayáis a comentar durante el tiempo de clase. De esta forma, la introducción de nuevo vocabulario será mucho más contextualizada y no parecerá que están estudiando.

No forzar el tema

Muchas veces preparamos uno o varios temas que vamos a hablar durante la clase. Hay alumnos con los que esa preparación es esencial ya que no van a tratar de salirse del guion ni por un momento. Otros, sin embargo, es solo decirles “hola” y ellos mismos te guiarán hacia lo que quieren hablar. O, simplemente, el tema elegido ira variando sin querer, como en una conversación normal.

Es bueno que no se pierdan y que por tanto tengan una dirección predefinida en la conversación. Pero, es aún mejor cuando son ellos mismos los que improvisan y cambian de tema sin pensarlo, ya que esto es, seguramente, lo que más se asemeja a la realidad. Te tendrás que adaptar para poder introducir las nuevas expresiones o estructuras gramaticales que habías pensado enseñarle con el tema original (si es que tenías preparado algo en ese sentido, claro).

Sí, se puede enseñar gramática o lo que quieras

Hablaba en el anterior punto sobre expresiones o estructuras gramaticales que puedes enseñar durante una conversación, porque en ese tipo de clases no se trata solo de hablar. No para el profesor. El estudiante puede creer que está teniendo tan solo una charla medianamente informal con correcciones. Pero, como profesor debes intentar enseñarle lo que no puedes hacer de otra forma.

Por ejemplo, si te das cuenta de que usa pocos conectores de finalidad (a fin de que, para que, para…), en a siguiente clase puedes intentar usarlos tú mucho más a menudo para que tu estudiante se acostumbre a escucharlos o te pregunte por ellos con el fin de que le salgan “sin querer” en futuras conversaciones.

Polemizar

Hablar de política con un alumno es peligroso. No porque vaya a enfadarse contigo o por ser un tema tabú (a veces lo puede ser), sino porque sea de donde sea este estudiante, nunca va a estar contento con la política del país de donde es o donde vive. Y por esa razón, es más fácil que se emocione más a la hora de hablar de dicho tema. Por una parte es malo porque, precisamente por ponerse algo nervioso, va a errar más veces de lo habitual. Por otro lado, es fantástico para aquellos alumnos que intentan controlar cada palabra que dicen para que sea la correcta, porque van a olvidarse de dicho control para así intentar tener una conversación más fluida.

Temas tabús

Y precisamente para poder polemizar y provocar al alumno para que sea más espontaneo están los temas tabús. En realidad, no existen tema tabú, sino formas poco acertadas de tocar estos temas. Se puede hablar de aborto, religión, política o fútbol siempre que tengas cuidado con no ofender al estudiante.

Si quieres provocar una polémica dando una opinión contraria a la que él tiene sobre un tema determinado, no es muy buena idea dar dicha opinión en primera persona, por muy diplomático que seas. No a todo el mundo le gusta la sinceridad. Sin embargo, puedes dar la opinión de un famoso o un artículo que ha leído y preguntare sobre lo que él piensa.

Por encima de todo: ponte como ejemplo

Si hay un consejo que dar para usar en las clases de conversación es este: ponte a ti mismo como ejemplo cuando tengas que hablar de cosas relativamente personales o donde el alumno tenga que contar algo de él o sus conocidos. Es mucho más fácil hablar de ti mismo, cuando a quien tienes enfrente se ha abierto ante ti primero.

Si le preguntas a un estudiante si era buen alumno en la escuela, antes de que responda le puedes contar brevemente cómo eras tú. Parece mentira, pero esto ayuda al alumno no solo a abrirse un poco más, sino también a recordar algo relacionado con él mismo que de otra forma le sería más complicado, ya que está más centrado en el idioma que en recordar su pasado.


Actualización. Después de publicar este artículo en el grupo de profesores  online que administro en Facebook, surgieron unos comentarios que me parecieron de la mayor utilidad añadir como parte de este texto.

Temas de interés

Ana Reyes adicionaba a lo ya dicho en este artículo que “debes tocar siempre temas que sepas que al alumnado le interesan porque conoces sus gustos, aficiones, trabajo, etc. Conectar con el sentimiento hace que todo se aprenda más fácilmente”. Para algunos puede parecer un consejo obvio. Lo cierto es que muchas veces olvidamos que hacer hablar al alumno no es solo un problema de gramática o vocabulario, sino también emocional.

Cuando estás con tus amigos y estos comienzan a hablar de un tema que te importa muy poco les dejas de prestar atención o intentas cambiar de tema. Nuestros estudiantes no son diferentes y, por tanto, reaccionarán mejor ante temas de su interés o que les motiven por alguna razón. Esto no quiere decir que solo haya que tratar dichos temas, dependerá de para qué quiera usar el idioma tu alumno. Si es para pasar una prueba DELE, por ejemplo, puede ser aconsejable tratar todo tipo de temas, incluso, si es estrictamente necesario, aquellos que puedan parecer más aburridos.

Preguntar por asuntos personales anteriores

María Jesús Bermejo contaba por su parte, que al inicio de cualquier clase suele “preguntar por asuntos personales que el estudiante me ha contado antes (qué tal le fue en el viaje, qué tal el nuevo trabajo, si le terminaron las obras en casa, o lo que sea). Esto crea mucha conexión, es una conversación muy real”.

Esta es una forma también de comenzar una clase de conversación. No es necesario en absoluto ir directamente al grano, dejar unos minutos para lo que parece una conversación informal (aunque tú vayas apuntando los problemas o detalles que consideres necesarios), ayudan al alumno a estar más relajado y sentirse con más confianza a la hora de hablar, sobre todo a aquellos que son más tímidos o que están en sus primeros días contigo como profesor.


Como ves, no trataba de dar consejos sobre actividades que se pueden hacer durante las clases de conversación, sino sobre pequeñas acciones que pueden ayudar a que dichas clases, aun sin actividad ninguna, puedan ser más rentables en su aprendizaje para el alumno y un poquito más preparadas desde el punto de vista del profesor.

Seguro que tú tienes tus trucos para este tipo de clases, así que ¡anímate a escribirlos en los comentarios para que otros profes también se beneficien de tu experiencia!

 

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Jose

Muchísimas gracias Óscar por este artículo magistral. Es algo a lo que yo me estoy enfrentando y que me da bastante miedo, ya que te sientes un poco fuera de control. Sin embargo, sí es verdad que poco a poco voy cogiendo más confianza y, claro, a medida que vas mejorando como profesor vas mejorando tu capacidad para improvisar, identificar los fallos del alumno y saber explicarlos sobre la marcha. En realidad es muy gratificante cuando una clase de conversación sale bien.

Óscar Ortega

¡Gracias Jose! la verdad es que las clases de conversación me parece que están minusvaloradas en su dificultad. Ya me he encontrado profesores que no eran demasiado buenos en ese sentido. Pero, es increíble lo gratificante que es, como bien dices, cuando te salen bien 🙂

María Jesús

Muchas gracias por el artículo y por la mención.

Óscar Ortega

Para mí, es un placer poder contar con tu opinión y tus comentarios 🙂

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